Torres del Paine Express

noviembre 14, 2017

Al pensar en las Torres del Paine se nos viene inmediatamente a la cabeza imágenes de trekking, de naturaleza, cóndores y pumas, largas caminatas y frío patagónico. En nuestra escapada express por la Patagonia nos quedamos con sed de trekking y descubrimos un destino que no nos esperábamos fuera tan maravilloso.




Este viaje fue muy distinto a la forma en que solemos viajar. Estaba completamente organizado sin espacio a modificaciones. Íbamos con los días contados, tours contratados y el tiempo muy justo. Si me preguntan si lo volvería a hacer así, creo que no. No porque no lo haya disfrutado, sino porque nos faltaron días para conocer más y mejor las maravillas que tiene para ofrecer la Patagonia Chilena. Sólo pudimos contar con una pincelada del Parque Nacional Torres del Paine, y aunque no soy muy fan de los trekkings, estando allá se contagia tanto el espíritu aventurero y la esencia outdoor que dan ganas de pasarse el día caminando y descubriendo nuevos paisajes.


Es bueno dejar algo para volver, así que cuando vuelva, espero hacerlo con calma y sin niños, para caminar, acampar y poder abrir la carpa con los primeros rayos de sol de la mañana y ver mis pies con la inmensidad del parque de fondo.

Por el momento les cuento nuestra ruta express con Lucas de equipaje, para que los que no son de caminatas se motiven de igual modo a ir y conocer este pedacito de Chile tan maravilloso.

Volamos de Santiago a Punta Arenas. El vuelo dura unas 3 horas y cuarto aproximadamente. En temporada alta abren el aeropuerto de Puerto Natales, opción que sin duda habríamos preferido de haber viajado en esos meses (mediados de noviembre a marzo). Teniendo tan pocos días, llegar a Punta Arenas implica un traslado más aumentando cansancio a la intensidad del viaje.

Llegamos al rededor de las 11 am a Punta Arenas y nos dirigimos al centro a dar un paseo, comer algo y esperar nuestro bus que salía a las 2:30. Viajamos con Buses Fernández y el viaje hasta Puerto Natales dura 3 horas.

Entre una cosa y otra llegamos al hotel tipo 6 y como habíamos salido a las 6:30 de la mañana, estábamos reventados. A pesar de no ser distancias tan largas, entre el avión, la espera y el bus, se pierde casi todo el día, es por eso que recomiendo volar directo a Natales en caso de tener la alternativa.


Un precioso día nos recibía en este punto de la región de Magallanes. Nuestro hotel, con vista al fiordo Última Esperanza, nos tenía con la boca abierta. Cielo azul, agua tranquila, gente amable y preocupada y muchos turistas extranjeros vestidos con ropa outdoor nos trasladaron a algún lugar lejano en el mundo. La mezcla de idiomas y de facciones hacen que te sientas más en los Alpes suizos que en Chile. Eso, más una buena ducha y una excelente comida de bienvenida, cargó las pilas y elevó las expectativas para empezar a recorrer al día siguiente.


Lucas se portó impecable. La verdad es que en los traslados se porta bastante bien, además lo planeamos todo pensando en él. Podríamos haber tomado un bus a Natales inmediatamente después de aterrizar, pero avión de 3 horas y bus de 3 horas sin estirar las piernas nos parecía un exceso, fue por eso que paramos a almorzar y así tomar el bus durante la hora de su siesta.

A diferencia de otros viajes, esta vez viajábamos al frío, por lo que no podíamos ir demasiado livianos. Por lo general somos de playa y verano, así que no teníamos nada de nieve, ni de abrigo. Nos conseguimos con unos amigos un enterito para nieve para Lucas y con mil capas sumado a una parka común y corriente, íbamos perfectamente.
Sí, hacía frío, pero tampoco consideré necesario invertir.

Sonó la alarma a las 6:45 am, nos vestimos rápido y empezamos el día con un increíble desayuno buffet con vista al fiordo. Otro día despejado nos daba la bienvenida, cosa que es una fortuna para el clima tan cambiante de la zona. El bus nos pasó a buscar 7:30 - 8:00 de la mañana. Teníamos un tour normal. Nada exclusivo. Era un bus grande con muchos pasajeros y un guía. Lo contratamos con la agencia Comapa y tuvieron el detalle de tenernos una silla de niño amarrada al asiento para Lucas. En un principio la miré con un poco de miedo porque Lucas no es de los niños que les gusta ir amarrados y tranquilos, pero la verdad es que nos salvó la vida. Iba feliz en la silla y seguro en los tramos que iba durmiendo.

Este tour es algo largo. En total fueron unas 10 horas en las que vamos en el bus, bajándonos de vez en cuando en diferentes lugares del parque. Al principio va parando para recoger a todos los pasajeros en sus hoteles, por suerte fuimos de los últimos, y después toma el camino hacia el Parque Nacional Torres del Paine que está a unas dos horas aproximadamente. Hicimos una parada en Cerro Castillo para tomar un café, ir al baño o comprar galletas o bebidas. Les recomiendo llevar algo de tomar y comer para el camino. Quizás no tengan mucha hambre, pero podrán tener alguna distracción en los tiempos muertos. El tour daba la opción de incluir el almuerzo. El menú es bien básico y consiste en una ensalada simple, pollo o carne a la parrilla con acompañamiento a elección, un flan y una bebida. Para los que no quieren almuerzo, mesas de picnic están habilitadas para que lleven su propia comida y se la coman al aire libre.

Además, les recomiendo andar siempre con efectivo. Las entradas al parque tampoco estaban incluidas y hay que pagarlas con efectivo. El precio para adultos chilenos son $6.000 y para adultos extranjeros $21.000, los niños hasta 6 años entran gratis y entre 6 - 18 y adulto mayor paga precio especial.

Dicho esto, nos trasladamos a nuestra ruta. Fue una maravillosa pincelada del Parque Nacional Torres del Paine que nos cautivó. No me lo imaginaba tan bonito.


Visitamos la Laguna Sarmiento, el Lago Nordenskjøld y la cascada Salto Grande. Paramos en distintos mirados para apreciar la belleza de los macizos del Paine, Las Torres, Los Cuernos, Paine Grande y Almirante Nieto. El día empezó a nublarse a medida que nos acercábamos al Parque, pero por suerte nos regalo momentos despejados perfectos para sacar fotos y apreciar el ícono de este parque nacional. Durante todo el día pudimos apreciar familias de guanacos corriendo y pastando, algún cóndor y muchas aves, pero lo mejor fue durante el almuerzo, donde un zorro y un armadillo estuvieron paseándose entre las mesas de picnic.



Terminamos el día en el parque con una caminata hacia la playa Grey, desde donde se puede ver el gran Glaciar Grey y los témpanos de hielo flotando en el agua.



Después de un par de horas en bus, nos bajamos en la famosa cueva del Milodón. A mi las cuevas no me llaman particularmente la atención, pero es una bonita cueva donde cuentan la historia de las especies prehistóricas que vivían por la zona, entre ellos el milodón o el puma dientes de sable.


Media horita más de bus y vuelta a Puerto Natales.

Este tour lo puede hacer cualquier persona. No tiene especial dificultad, las caminatas son pocas y cortitas. Para los niños puede ser un poco largo, pero para nosotros tampoco fue tan terrible. Obviamente me encantaría recomendar una visita más profunda al parque, pero si andan con poquito tiempo como nosotros, es un excelente tour para conocer algo de la historia de la zona y de la flora y fauna del lugar.


Quiero destacar el cuidado que debemos tener para conservar nuestra naturaleza y el respeto a los seres vivos que viven en ella. Como muchos sabrán, el parque sufrió un terrible incendio forestal que duró de diciembre del 2011 a marzo del 2012 arrasando con más de 17.600 hectáreas. Este incendio no sólo dejó gran parte del parque negro y sin vida, matando animales y especies protegidas. También dejó a miles de familia de la zona sin trabajo y sin su fuente de ingreso. Todas las personas que viven del Parque vieron arder rápidamente todo su trabajo. La causa del incendio fue la irresponsabilidad de un turista, que en lugar de llevarse consigo su basura, decidió quemarla en un día de mucho viento en lugares no permitidos, ocasionando así el descontrol del fuego. Casi 6 años después seguimos viendo árboles quemados, zonas con pequeños árboles intentando crecer gracias al esfuerzo de reforestación. Es muy triste ver un lugar tan lindo y sentir como puede morir rápidamente por culpa de la irresponsabilidad de una sola persona. Cuidemos esta tierra que es de todos.


Volviendo a la ruta:
Puerto Natales es una pequeña ciudad que goza de excelente capacidad hotelera y gastronómica. Fueron tantos los lugares que nos recomendaron para ir a comer, a almorzar o a tomar un café que sabíamos que iba a ser imposible probarlos todos en tan pocos días.

Después del tour, volvimos al hotel tipo 6:30 donde nuevamente nos esperaba un baño con agua caliente y ropa limpia para salir a dar un paseo y comer algo.

Nuestro tercer día de Patagonia Express consideraba otro paseo, pero esta vez en barco. Teníamos altas expectativas de este día, que nuevamente nos daba los buenos días con un cielo despejado y un fiordo tranquilo y sin viento.


A las 8:00 pasaron por nosotros y nos dirigimos al puerto Bories pegado al famoso hotel The Singular. Un pequeño barco nos estaba esperando con muchas mesas para 4 o 6 personas. A la gente la sentaban según orden de llegada y tuvimos la suerte de tener una mesa sólo para nosotros. Este paseo lo hicimos con la agencia 21 de mayo y en total duraba unas 8 horas navegando por el Fiordo Última Esperanza, parando una vez a hacer una caminata a los glaciares y al final en una estancia para almorzar.



Dentro del barco vendían cosas para comer y tomar. Cada cierto rato, los tripulantes tomaban la palabra para decirnos que miráramos a la derecha o a la izquierda para ver lobos marinos, toninas (delfines magallánicos), cascadas o cóndores. En cada punto, todos salíamos a cubierta a tomar aire puro y sacar fotos desde la superficie. El paseo estuvo perfecto, recomendable para adultos mayores y niños. Lucas se fue jugando y pintando en los tramos de interior, y salía entusiasmado a cubierta cuando había algo que ver. La tripulación nos ofreció té, café y galletas, lo que hizo aún más agradable la ruta.



Después de varias horas, llegamos al punto final de la ruta, la entrada al Parque Bernardo O'higgins, donde después de una caminata de una media hora por un sendero que bordea un lago lleno de témpanos de hielo, llegamos a la base del glaciar Serrano. Nunca había visto un glaciar y es una maravilla. Me sentía en la Antártida y me cayó la teja de lo lejos que estaba en el mundo.







De vuelta al barco y tras un rato de navegación paramos en una estancia con ovejas donde nos estaba esperando un almuerzo en base a cordero magallánico y ensalada. De entrada una sopa caliente y una copita de vino para cerrar el día. Después de ese contundente almuerzo, medio barco se fue durmiendo.

Como dato, este tour también se puede hacer con otro final. A la salida del Glaciar Serrano, estaban esperando varios botes a los pasajeros que habían contratando el paseo en bote que los llevaría hasta las Torres del Paine. Este final no me pareció muy apto para niños. Todos los pasajeros van sentados con chalecos salvavidas y el frío aire se siente cuando te llega directo en la cara.

Terminamos el día agotados. Era el tercer día que madrugábamos y el tercer día de traslados. Directo al hotel.

Nuestro cuarto día lo teníamos lleno de actividades para hacer por nuestra cuenta entre las que estaban subir al cerro Dorotea, desde donde se ven unas preciosas vistas de Natales, arrendar un par de bicis para recorrer la zona, probar la extensa lista de restaurantes que teníamos pendiente, sentarnos en un café a comer crepes, sacar muchas fotos patagónicas etc. El problema, fue que hasta aquí llegó nuestra suerte con los días, y la mañana del sábado nos saludaba con cielos grises y fuertes lluvias.

Lucas viajó con una leve bronquitis, la que habíamos logrado mantener a raya con jarabes y abrigo, pero salir a caminar bajo la lluvia no era opción. Decidimos ir a pasar la mañana al museo del hotel The Singular, que tenía comentarios positivos en internet. La verdad es que no nos pareció nada del otro mundo y al poco rato nos aburrimos y nos dirigimos al bar del hotel. La entrada al museo cuesta $5.000, pero si consumes algo en el bar es gratuita. El bar es precioso y el hotel en sí una maravilla con excelentes vistas. Un lugar tan sofisticado no es lugar para un niño como Lucas que aburrido se dedicaba a molestar al resto de los turistas.

Tomamos un taxi que nos dejó en la puerta de nuestra elección para el día: "Santolla". Por desgracia no nos informamos bien y descubrimos que es un restaurant que sólo abre de noche, caminamos bajo la lluvia y entramos a "Guanaca", una simpática pizzeria que se llevó nuestras 5 estrellas. De las mejores pizzas que hemos probado, una excelente y abundante ensalada y panqueques con manjar gigantescos.

Nos motivamos y dimos un paseo rápido bajo la lluvia. Entramos a diferentes tiendas de ropa outdoor, de souvenirs y de artesanía local. Empapados volvimos al hotel.

Podría seguir describiendo lo que fue nuestro cuarto y quinto día de lluvia por Natales, pero simplemente se resume en comer, pasear y descansar. El quinto día tocaba deshacer lo hecho. 3 horas a Punta Arenas y algo más de 3 horas a Santiago, para dejar atrás ese increíble mundo que está tan cerca, pero a la vez dista tanto de lo que estamos acostumbrados por estos lados.

Hasta pronto lejana y mágica Patagonia Chilena.
 

También te puede interesar...

1 comentarios

  1. Un weblog de la persona es realmente llamativo. Nos deleitamos en esto. Muchas gracias con respecto a la discusión de esta pieza impresionante impresionante a mi lado.
    India Viajes

    ResponderEliminar

Mis favoritos

Mis favoritos
"Lo que aprendí en Calcuta"