Varanasi, hinduísmo y fin de la India

febrero 13, 2013

Varanasi es una de las siete ciudades sagradas del hinduísmo.
La ciudad fue fundada al rededor del 1300 a.C a orillas del río Ganges. Este río representa las rastas de Shiva y es el lugar donde todos los hindúes vienen a bañarse para purificarse de sus pecados y lugar predilecto para morir, ya que al ser cremado y tirado al Ganges, el alma de la persona sale del ciclo infinito de nacimientos y muertes, logrando al fin descansar en paz (los hindúes creen en la reencarnación).

La orilla del río está esta compuesta por "ghats". Cada uno tiene escaleras que bajan al río donde se realizan distintas ceremonias a lo largo del día. Algunos se afeitan, otros se duchan, algunos hacen rituales pidiendo perdón, lavan si ropa o simplemente se sientan a observar.
En el ghat principal cada tarde se hace una ceremonia con inciencios y campanas a la que asisten cientos de personas.
En las paredes hay dibujos de dioses como Ganesh, Shiva o Vishnu, restaurantes que dan al río y gente en cuclillas tomando té. Por todos lados hay movimiento, es una ciudad muy colorida gracias a los barcos que navegan por la orilla del río y las mujeres que lavan y cuelgan sus saaris en las escaleras.
Dado que morir aquí es un privilegio, la cremación es un negocio. Existen dos ghats crematorios por donde se puede deambular sin problema, pero donde esta prohibida la fotografía. La imagen es cruda y hasta morbosa. Bajan a los muertos en camillas de madera rodeados de flores y cintas brillantes con la cara y pies descubiertos. Los mojan en el río y son puestos sobre una pila de palos de madera cuyo valor depende del tipo de madera y del peso de la persona. Uno de los rituales es que el hijo de vueltas al rededor del muerto con un palo humeando y posteriormente prenda la pila. La cremación se lleva a cabo al aire libre y a ojos de todos los turistas y curiosos que anden por el lugar.

Cada mañana millones de barquitos salen de la orilla llenos de personas que quieren ver el amanecer en el río. El paseo cuesta unas cien rupias por persona (2 dólares) y recorre todos los ghats.
Varanasi es el lugar ideal para los amantes de la seda y del apple pie, ya que el mejor postre que me he comido en todo el viaje está en la pizzería ubicada en el Assi ghat.

El hinduísmo es una religión que no ha dejado de sorprenderme durante todo el viaje. Tienen costumbres muy distintas a las nuestras y todo gira en torno a la religión. Tienen muchas ceremonias y muchos lugares sagrados, pero sin duda, la ceremonia más grande es la Kumbh Mela, que tiene lugar una vez cada 12 años en Allahabad, ciudad donde Brahma llegó a la tierra y punto de peregrinaje. La ceremonia consiste en seis baños que tienen lugar en distintas fechas entre enero y febrero. El último Kumbh Mela reunió a más de 70 millones de peregrinos y se estima que el próximo reúna más.
Como somos unos afortunados de la vida y casi como si lo hubieramos planeado, el próximo Kumbh Mela es en enero y febrero del 2013, justo cuando nosotros estamos aquí en Varanasi. Millones de sadus (hombres sagrados vestidos de naranjo con rastas hasta el suelo), se pasean con bastones y collares de flores pidiendo alguna colaboración, carpas improvisadas se arman para recibir a los peregrinos y dormir en el suelo como una gran comunidad.
El ambiente festivo se respiraba en todos lados, pero Allahabad era el epicentro. Imposible perderse una oportunidad así estando sólo a dos horas del lugar.
La buena suerte dejó de acompañarnos y la ameba volvió a atacarme, así que volando en fiebre tuve que quedarme en cama. Tendremos que esperar 12, 24 o 36 años más para volver a ver el Kumbh Mela en Allahabad, de todas formas nos damos por pagados porque aquí ya se sentía la locura.

Después de esta visita sagrada a Varanasi esperamos no reencarnar en nada y si lo hacemos que sea en humanos para poder seguir viajando en mis próximas vidas.

Me despido de la India, con una pena infinita por dejar atrás tanta gente increíble que marcó mi vida, lugares maravillosos que me llevo en fotos y experiencias vividas que me llevo en el corazón. La India no es un país, es un continente. Es enorme, tiene mil lugares distintos que ver, religiones y costumbres distintas en cada una de sus regiones. Estuve en bikini en sus playas y tapada hasta el cuello en las ciudades. Pasé del invierno al verano, de ser vegetariana a carnívora, de ser turista a ser parte del lugar.

En mi lista de lugares por conocer todavía hay muchos que pertenecen a este país, desde los exiliados del tibet y el Dalai Lama en el Darahmsala, a las plantaciones de té y casas flotantes en Kerala, asique tarde o temprano tendré que volver.

Me voy con una pinta roja en la frente y la mochila más cargada que nunca de historias. Ahora puedo decir, me encantó la India y juro que volveré.

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